Esta semana celebramos la International Compost Awareness Week (ICAW), una iniciativa internacional que pone en valor el compostaje como una herramienta clave para mejorar la salud del suelo, reducir residuos y avanzar hacia una agricultura más sostenible.
En Defeder, este compromiso forma parte de nuestro día a día. En nuestra planta de Albelda, trabajamos en la valorización de materias orgánicas de origen ganadero, transformándolas mediante procesos controlados de compostaje en productos fertilizantes de alto valor agronómico.
Entre ellos destacan OSCAGA, elaborado a partir de gallinaza, y OSCATER, procedente de estiércol de rumiante. Ambos productos reflejan una misma filosofía: convertir subproductos orgánicos en recursos útiles para el campo.
El compostaje: transformar materia orgánica en fertilidad
El compostaje es un proceso natural, pero requiere control técnico. A través de la acción de microorganismos, la materia orgánica se transforma en un producto estable, higienizado y rico en nutrientes.
Durante el proceso se controlan parámetros como la humedad, la aireación y la temperatura, favoreciendo una correcta descomposición y maduración del material. El resultado es un compost capaz de aportar materia orgánica, mejorar la estructura del suelo y favorecer la actividad biológica.
Valor agronómico del compost
El compost es mucho más que un fertilizante. Su aplicación contribuye a:
- Mejorar la estructura y fertilidad del suelo.
- Aumentar la capacidad de retención de agua.
- Aportar nutrientes de forma progresiva.
- Favorecer la vida microbiana del suelo.
- Reforzar la resiliencia de los cultivos.
En un contexto agrícola cada vez más exigente, con suelos sometidos a pérdida de materia orgánica, sequías y mayores necesidades de eficiencia, el compost se convierte en una solución estratégica.
Defeder y la economía circular
En Defeder creemos en una agricultura que aprovecha mejor los recursos disponibles. Por eso impulsamos un modelo basado en la economía circular, dando una segunda vida a materias orgánicas y devolviéndolas al suelo en forma de fertilidad.
La planta de Albelda es un ejemplo de este compromiso: transformar recursos de origen ganadero en fertilizantes orgánicos que ayudan a cuidar el suelo, mejorar los cultivos y reducir el impacto ambiental.
Porque compostar no es solo reciclar.
Compostar es regenerar, nutrir el suelo y construir una agricultura más sostenible.